Dentro de una tarde que reflejaba en su mismo ser el amor que se tienen las ánimas del mar con las estrellas; él esperaba impaciente mirando un reloj que no cambiaba de hora, la llegada de su amada al lugar indicado hace apenas una carta.
Con una pasión que embocaba un tiempo inexistente en el mundo de los olvidados pensaba en ella: en sus ojos, en sus boca sabor cerezo y en sus manos fugaces, pero dentro del mundo de nosotros los olvidados, el engaño y la soledad arruinaron la escena soñada al jalar al amante dentro de una sombra de celos que arruino las flores que con tanto amor había arrancado del huerto de sentimentalismos.
Ahora no se detenía el tiempo sino que pasaba rápidamente, la noche cubrió todo con su manto estelar y un anillo de compromiso fue tirado al incandescente mar.
Después de años se perdió en un laberinto tallado por los pensamientos ahogados de aquellos abandonados del amor, un laberinto inalcanzable, brillando, esperando quizá que alguien lo lleve en la mano, pues la vida sigue, pero más lento con la soledad como compañero. Quizas te hace más frío y observador pero te desgasta tan rápido que las observaciones te quedan tendidas sobre las lágrimas del pasado sin ayuda alguna…
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