jueves, 12 de noviembre de 2009

Un baile más...

Una mirada más… me pareció que todos los momentos del pasado se desbordaban por mi cabeza, cayendo y chocando contra un suelo que se encargaba de disolverlos con cada paso que él daba para acercarse.

Su dulce y apacible ver, no iba a ritmo con lo que mi corazón empezaba a sentir.
Totalmente paralizada por dentro y serena por fuera devolví el saludo con un cariño austero y me dirigí al otro extremo de la sala, intentando alejarme sin parecer asustadiza, pero por más que mi cuerpo quería permanecer alejado parecía que mi alma se acercaba cada vez más reviviendo lo disuelto y juntándolo en maravillosas experiencias vividas y creando nuevas por venir.

Sólo una petición faltó para que mis brazos se entregaran a su cuerpo y rodeáramos la pista con un ritmo fuera del contexto de los superficiales mortales que nos miraban. Tanto tiempo que puede sobrar durante los momentos desalmados y tan poco para las felicidades fatuas.

Mi cuerpo volvió a su estado natural el mismo segundo en el que me soltó la mano, mi libertad se volvió a aprisionar dentro de una jaula de vanidades y mi razón golpeó la fantasía jalándome a las inseguridades apreciables de cualquier ser humano. Lo miré intentando ocultar la tristeza de unos ojos penetrantes y me alejé intentando contener el llanto que después de unos momentos liberó nuevamente al pasado, aunque esta vez sabía que ninguna esperanza fuera de sus ojos volvería a recogerlas y en ese momento nada me importaba, volví a alejarme dentro de un traje de seguridad que aprisionaba todo sentimiento vulnerable.

Todas las palabras que servían para exonerar las culpas que nunca debí de haber cargado se sellaron en ese baile, y prefería dejarlas así, ocultas y sumergidas en mis propios mares del pensamiento. Al ver que otros brazos prendían su cuerpo, sólo recordé unas palabras que al igual que yo entraban en una conversación imprecisa…”Te sentirás abatido el día que lo confíense…”

Esas palabras resonaron como un eco incómodo en el instante en que sus ojos leyeron mi pensamiento y como si estuviéramos conectados, entonces respondió en silencio “ Lo sé…”

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